El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y la Unión Europea con Irán ha provocado un giro drástico en los mercados financieros globales, impulsando con fuerza al peso mexicano y a las principales bolsas de valores. La perspectiva de un levantamiento gradual de las sanciones teocráticas a Teherán abre la puerta a la inyección de millones de barriles de petróleo diarios al mercado internacional, aliviando de golpe los temores por el desabasto energético. Esta ola de optimismo reguló el apetito por riesgo entre los inversionistas, beneficiando directamente a la moneda mexicana, que avanzó con firmeza frente al dólar ante un panorama macroeconómico global menos presionado.
Como contraparte directa, el precio del crudo experimentó una caída estrepitosa tras el anuncio del pacto geopolítico. La mezcla West Texas Intermediate (WTI) y el Brent del Mar del Norte registraron descensos significativos debido a la inminente sobreoferta de hidrocarburos, disipando la prima de riesgo que mantenía inflados los costos de los combustibles. Esta reducción en las cotizaciones de las materias primas representa un bálsamo para la inflación mundial, lo que reduce la presión sobre los bancos centrales para seguir endureciendo sus tasas de interés y ofrece un terreno de recuperación sólido para el sector corporativo global.

