La Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) ha puesto bajo la lupa la producción automotriz en México, manifestando su preocupación por la disminución del contenido estadounidense en los vehículos ensamblados en territorio mexicano. En el marco de las revisiones del T-MEC, el gobierno de EE. UU. argumenta que el actual déficit comercial y la laxitud en algunas cadenas de suministro han diluido el espíritu original del acuerdo. Para contrarrestar esto, Washington busca endurecer las reglas de origen, proponiendo elevar el Valor de Contenido Regional (VCR) e incorporar un porcentaje mínimo obligatorio de piezas estrictamente fabricadas en EE. UU..
Esta postura ha encendido las alarmas en el sector automotor mexicano y en la Secretaría de Economía. La industria advierte que imponer cuotas específicas de insumos estadounidenses, sumado a las ya estrictas reglas de valor de contenido laboral, elevaría drásticamente los costos de producción y restaría competitividad a la región frente a otros mercados globales. Mientras México defiende mantener los límites vigentes del 75% pactados en el tratado, las negociaciones bilaterales se perfilan como un estira y afloja crucial para definir el futuro de una de las cadenas de valor más integradas del mundo.

