Lo que comenzó como presiones aisladas hoy es una realidad innegable: la censura sobre la radio y la televisión se intensifica, silenciando voces críticas y limitando el acceso a una información plural. Cuando los micrófonos se apagan por la fuerza y las señales tradicionales se cortan, no solo pierden los periodistas, pierde toda la sociedad su derecho fundamental a saber la verdad de lo que ocurre.
Pero la amenaza no se detiene ahí. La historia demuestra que el control de la información siempre busca expandirse: la mira ahora está puesta en la prensa independiente y las redes sociales, los últimos espacios de resistencia y debate libre. Defender hoy la libertad de expresión en todas sus formas no es una opción, es una urgencia ciudadana antes de que el silencio también alcance a nuestras pantallas.

