El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el panorama geopolítico internacional al afirmar que, tras una hipotética confrontación militar en la que Estados Unidos «derrote a Irán», declarará el estrecho de Ormuz como territorio bajo soberanía estadounidense. Durante su intervención, el líder republicano sostuvo que tomar el control total de esta estratégica vía marítima —por la que transita aproximadamente la quinta parte del petróleo mundial— es la única garantía para asegurar el libre comercio global y evitar el constante chantaje energético de Teherán sobre las potencias occidentales.
Las declaraciones provocaron un rechazo inmediato por parte de diplomáticos e internacionalistas, quienes advirtieron que una medida de esta magnitud violaría de forma flagrante el derecho internacional y la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Mientras que sus simpatizantes defienden la postura como una muestra de firmeza y disuasión frente a las provocaciones iraníes en el golfo Pérsico, analistas geopolíticos señalan que amenazar con anexionarse un paso marítimo clave eleva de forma peligrosa las tensiones en Medio Oriente y desestabiliza aún más los mercados energéticos globales.

