Una densa capa de humo procedente de los devastadores incendios forestales de Canadá volverá a cubrir el cielo este jueves, reduciendo drásticamente la visibilidad y tiñendo la atmósfera de un tono grisáceo y anaranjado. Este fenómeno, que ya se ha repetido en varias ocasiones debido a la magnitud de los focos activos, es transportado por corrientes de aire de gran altura que arrastran las partículas suspendidas a miles de kilómetros de su origen, afectando incluso a regiones que se encuentran muy alejadas de la frontera canadiense.
La llegada de esta pluma de contaminación no solo altera el paisaje y bloquea la luz solar directa, sino que también genera una seria preocupación por la calidad del aire. Las micropartículas presentes en el humo, conocidas como PM2.5, son lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en los pulmones, lo que representa un riesgo directo para la salud. Por ello, las autoridades ambientales y sanitarias recomiendan a la población, especialmente a niños, ancianos y personas con problemas respiratorios previos, limitar las actividades al aire libre durante el transcurso del día.

