El Parlamento de Francia ha dado un paso histórico al aprobar la legalización del derecho a la muerte asistida, una decisión que sitúa al país en línea con varios de sus vecinos europeos. Tras años de intensos debates éticos, políticos y sociales, la nueva legislación permitirá a pacientes con enfermedades terminales, que sufran dolores físicos o psicológicos intolerables e intratables, solicitar ayuda médica para morir. La ley establece un marco de control estricto, exigiendo la evaluación colegiada de un equipo de profesionales de la salud para validar que el consentimiento del paciente sea libre, informado y reiterado en el tiempo.
Esta reforma legislativa representa un cambio profundo en el modelo de cuidados paliativos y de final de la vida en Francia, superando el marco previo que solo permitía la sedación profunda y continua en casos de muerte inminente. Mientras los partidarios de la medida celebran la ley como un triunfo de la autonomía individual y la dignidad humana, sectores conservadores, colectivos médicos y líderes religiosos han expresado su preocupación, advirtiendo sobre los riesgos de pendientes resbaladizas en la protección de los más vulnerables. Con esta aprobación, el Gobierno francés se enfrenta ahora al reto de implementar un sistema que garantice tanto el acceso equitativo al procedimiento como el estricto cumplimiento de sus salvaguardas.

