En los últimos meses de 2026, Ucrania ha consolidado una agresiva y sistemática campaña de ataques con drones de largo alcance dirigidos a debilitar la infraestructura energética de Moscú, golpeando todas las grandes refinerías e instalaciones de almacenamiento de petróleo en territorio ruso. Tan solo en lo que va del año se han registrado cerca de 200 incursiones aéreas, incluyendo ataques recientes de alto impacto contra la refinería Ilyinski en Krasnodar, terminales en el puerto de Taganrog y plantas estratégicas que abastecen a la capital rusa, como la de Gazprom Neft en Moscú. Con esta estrategia, Kiev busca ahogar el financiamiento de la maquinaria de guerra del Kremlin y entorpecer la logística de sus tropas limitando el suministro hacia bases clave en la península de Crimea.
Esta ofensiva aérea ha provocado una crisis de combustible sin precedentes dentro de la Federación Rusa, obligando al gobierno de Vladímir Putin a decretar racionamientos y la prohibición de venta de carburantes a particulares en regiones ocupadas. El daño acumulado en las unidades de procesamiento ha recortado significativamente la capacidad de refinado del país, lo que derivó en kilométricas filas en las estaciones de servicio, el cierre temporal de aeropuertos por el humo de los incendios y una drástica reducción en la calidad permitida para las gasolinas locales para evitar el desabasto masivo. A pesar de los esfuerzos de las defensas antiaéreas rusas por frenar las oleadas de drones, la continuidad y precisión de los bombardeos ucranianos mantienen bajo jaque los principales centros de distribución de hidrocarburos del país.

