El intento de regreso de la líder opositora venezolana María Corina Machado a su país se vio frenado de manera inesperada por el gobierno de Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump. Tras los devastadores terremotos del 24 de junio en Venezuela, Machado —quien se encontraba en el exilio— abordó un jet privado desde Virginia con el objetivo de retornar y apoyar en la emergencia humanitaria. Sin embargo, en pleno vuelo, la aeronave recibió órdenes de la empresa operadora de dar la vuelta y regresar a Washington; una directiva que, según reveló The Wall Street Journal, fue impulsada por la Casa Blanca para evitar que la llegada de la Premio Nobel de la Paz desestabilizara la frágil transición política tutelada por los estadounidenses.
Para Washington, la prioridad actual se centra en mantener la estabilidad económica y asegurar la explotación petrolera en conjunto con el gobierno interino de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez (quien asumió el mando tras la captura de Nicolás Maduro). Funcionarios de la Casa Blanca calificaron las intenciones de Machado como inoportunas, temiendo que un eventual arresto o agresión contra ella en suelo venezolano desatara una crisis profunda que echara por tierra los acuerdos comerciales alcanzados. Aunque la activista intentó posteriormente una ruta alternativa a través de Panamá, la presión de las autoridades estadounidenses y las restricciones en el espacio aéreo terminaron por frustrar, al menos temporalmente, su retorno a Venezuela.

